Mecánicas y naturaleza: Rubén Fernández Castón diseña el espacio

Todos los artista tienden, cuando su magma metodológico les hace mancharse las manos, a plantearse dónde están los límites de la pintura.
Si Joan Miró, según la opinión de algunos críticos, fue capaz de matar al medio cromático por excelencia, cuando el artista se abraza al componente obsesivo del espacio, éste resulta ser el mejor catalizador para al menos, no plantearse un homicidio pictórico, sino más bien una descontextualización formal, una deriva tangencial del objeto, alguna palinodia ex profeso si cabe o, simplemente, la clásica confrontación de solidez y subjetividad.

Sin querer entrar en términos entrópicos que señalan a las vanguardias de antaño, a pesar del romanticismo fugaz que pueda suponer, la empatía por lo mecánico no sólo traspasa esos suspiros del futurismo italiano -convencidos en que un vehículo de carreras era más bello que la Victoria de Samotracia-, ni las latitudes pseudo-dadaístas, ni las abrasiones meta-mecánicas con permiso de Jean Tinguely, o las tesis de Arquímedes: precursor de la mecánica como ciencia a través de su Principio de Hidrostática, por ejemplo.

Todo esto puede que nos haga diluir, de forma menos patológica, nuestras ganas de querer montar un vodevil trágico con el color, para quizás interesarnos por los remedios que nos ofrece la experiencia estética, en esta ocasión, desde la naturaleza creativa del artista Rubén Fernández Castón: un vergel de posibilidades donde lo frágil se hace estructura, donde la plástica redunda en una regresión suprematista del bulto redondo, mediante una interacción ficcional y orgánica, a modo de interlocución entre el hard edge de Ellsworth Kelly y  la supinación terrestre de Richard Long o Walter de María.

El volumen hecho pintura o la pintura hecha volumen, acierta en penetrar vectorialmente, dudando sobre el origen efectivo del proceso, de la realidad del objeto, su idea, entendimiento y como alerta el artista: “otorgando a las obras otra forma de observarlas, ofreciendo juegos visuales, variables y condicionados según la perspectiva del espectador, haciéndolo dudar de si se encuentra ante una pintura o una escultura, ofreciendo así una experiencia visual”.

“Naturaleza mecánica”, la nueva comparecencia de Rubén Fernández Castón, hace frente a las dudas y a los lugares comunes del análisis, de la subjetividad que se comparte a modo de red receptiva, global, para evidenciar que todo es potencialmente fractalizable, como tropo de orden metafórico entre ciencia, artefactos y naturaleza: una que contempla el valor universal de ver el espacio desde los espacios.

Texto escrito por Marcos Fernández para Diwap en el año 2015.

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