Cristina del Campo: esas reacciones cotidianas

A Cristina del Campo le gusta la yuxtaposición natural de las cosas.
Como si se trataran de elementos que, por su grado de cotidianidad, acaban en cualquier rincón desvaído esperando a que pase algo, estos vuelven a la vida auspiciados por la plenitud del soporte portátil, desde la praxis pictórica, para manifestar su agrado con lo invisible, con la ablución de la síntesis metodológica o con la inmanencia del material que, tantas veces, acaba siendo un órdago.

La inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte, como vanitas contemporánea -casi arquitectónica-, seducen a los dictámenes normales del concepto de naturaleza muerta, desde un periplo geométrico que se deja abrazar por unos organicismos morfológicos más severos, elásticos y transparentes.

Sus derivaciones, en matemáticas, simbolizan un radio de acción sobre el número de Strahler, ese que desgrana una forma numérica que expresa la complejidad de una ramificación, de una vía de escape, que acaba siendo un acto natural determinante, como muchas de las piezas de Cristina del Campo.

Sobre todo las de su serie “Drapeados”, donde esas telas funcionan como sedimentos que pesan y se acomodan, a modo de estratigrafías que no pretenden discutir sobre lo planetario o, si en un momento dado, en función del arbitrio -bizantinamente profuso- que queramos darle a las formas, al color, a las composiciones y al propio método.



Por Marcos Fernández para el proyecto “Surprise series” de NOCApaper en el año 2015.

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