Arturo Doñate y su hemeroteca cromática

El hábitat pictórico, cuando revela una semiótica sutilmente representativa, se vuelve elíptico, simbólico y, como no podría ser de otra forma, recóndito.

La digitalización de la imagen, dentro de esta coyuntura, nos muestra secuelas que pueden ser disminuidas por una ilusión óptica: esa que conocemos como las bandas de Ernst Mach y que intentan reducir las frecuencias del espectro luminoso, como síntesis de la mancha y del campo de color.

“Con esta serie intento ofrecer un lenguaje figurativo, combinando elementos de distintitas épocas y costumbres bajo un prisma irónico”.
Refiriéndose a su serie titulada “Neón”, Arturo Doñate, este devorador hemerotécnico de la imagen, describe sus intrigas metodológicas a través de un anacrónico y posterizado homenaje, a modo de palimpsesto narrativo, otorgando una acrílica metamorfosis a ese gas noble -incoloro, prácticamente inerte y con cierto grado de trazabilidad en el aire- y al universo de la luminaria fluorescente.

En sus piezas, introduce la fenomenología del blanco y negro, el anglicismo interrogativo, las cábalas populares de lo que acontece como altar de los principios básicos de la pintura, desde un oriundo y tímido acercamiento al jazz, al constructivismo y a la geometría post-pictoricista, que se multiplica en un auxilio emblemático de las formas.

El underground filántropo, las altas cotas de un rascacielos, el cine o la fotografía, surrealismo, decadencia y registros sociales, son parte de un condensado armazón que explora las posibilidades del color -o la anulación del mismo-, elevando la segmentación de las posibilidades representativas y explotando la conversión de la continuidad que se describe en forma de palabras iluminadas.

Por Marcos Fernández para el proyecto “Surprise series” de NOCApaper en el año 2016.

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