Estados de cuestión

Todo lo que podemos ver en el documento, al que adherimos nuestras opiniones, son reveladoras.
El calado del problema es más profundo del que creemos. Las políticas culturales del panorama artístico andaluz, como sabemos, son insuficientes y más aún cuando sobrevuela, sobre cualquier tipo de iniciativa, la sombra de los recortes presupuestarios y de las estrategias de austeridad.

Los que estamos en el mundo de la creación contemporánea no creemos que el arte sea la hermana boba o inútil, ya que en este marco se ha forjado la antropología contextual e histórica de la cultura andaluza desde que entendemos que el arte es arte. Los intentos por minimizar una vida cultural eficiente son tan graves como querer eliminar cuestiones tan básicas como las relacionadas con la salud o el trabajo. Picasso lo advirtió: El arte es un bien de primerísima necesidad y, la fallecida recientemente, Louise Bourgeois también: El arte es un seguro de salud mental

Al margen de sentencias, más o menos trascendentales, el panorama no da la suficiente confianza para crear un marco de empatía y de confianza. El desapego es protagonista, el público con interés lo sabe y, la gente del arte, lo confirma. 

Llevamos años reclamando una sociedad civil que invierta en políticas culturales, pero ya hemos observado que esa desdicha no tiene la hondonada suficiente como para crear conciencia y, mucho menos sensibilidad, ya que los particulares y empresas siguen sospechando que las maniobras de las que nos quieren hacer partícipes no están en las manos adecuadas. 

Es hora de la tecnocracia, de los especialistas, de los expertos para poner cada cosa en su sitio. Sabemos que es delicado y no creemos que tengamos que crear un debate sobre quiénes son los más virtuosos para solucionar lo que ya presenta dudas. La crisis es una excusa para seguir demandando artificios de endeudamiento, cuestión que consideramos difícil de equilibrar por la dependencia que supone actualmente.

Hemos de dejar a parte las discusiones sin criterio y ver qué es lo realmente necesario. El arte es educación, la historiografía artística es un legado y un testimonio de ello y las prácticas artísticas son una continuación y un seguro de prosperidad y futuro. 

No se ha de jugar con los bienes culturales como si se trataran de números o de objetos superfluos, ya que en ellos están registrados de antemano los cimientos de la estabilidad y una vida intelectual -y saludable- posibles.

Texto escrito por Marcos Fernández en el año 2010.




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