La Nave Spacial apaga motores

Siempre es una mala noticia la clausura de un espacio destinado a la cultura. En Sevilla, hace unos meses, La Nave Spacial cerró sus puertas de forma permanente después de dos años de funcionamiento.
Las incógnitas que rodean a este hecho están provocando que el arte contemporáneo entre en una espiral endémica de problemáticas y desconsuelos sin respuesta, a pesar de las categóricas afirmaciones de quienes están encargados de conformar una oferta cultural en el marco autonómico andaluz y, por lo cual, resolver las dudas.

Desde la decapitación del Programa Iniciarte, artistas y espacios independientes, como La Nave Spacial, demandan alternativas que no terminan de dignificar el status quo que, desde hace algunos años, gozaba de una relativa buena salud. Con el fin de estas ayudas a la creación contemporánea, no es de extrañar que vuelva a producirse un éxodo obligado de esos talentos que reclaman visibilidad en una tierra que aún los considera mudos profetas, por lo que si el panorama era desalentador, ahora es sin duda, estéril e incluso inhóspito.

La Nave Spacial era un espacio para la experiencia del arte sin vocación lucrativa que dependía estrictamente de ayudas públicas -en este caso de las de Iniciarte- que financiaron durante dos temporadas consecutivas los gastos de mantenimiento de este lugar, generando un tejido impermeable de gestión comparable a la de otros espacios de contrastada trayectoria, teniendo muy en cuenta los pocos recursos con los que se contó.
Con más de una docena de exposiciones, más de una veintena de diferentes actividades y diez proyectos en colaboración con instituciones internacionales, La Nave Spacial se traslada físicamente a los cuarteles de invierno para continuar sus labores de gestión cultural a través de su página web, consolidando proyectos y propuestas en otra dirección.

Hay que dejar claro que este tipo de propósitos necesitan del trabajo altruista de personas conectadas bajo un mismo denominador común. Por eso, podemos afirmar que la desaparición del espacio tiene un calado más trágico, por el trabajo inconmensurable que el equipo de la nave logró realizar con la colaboración de otros -artistas e instituciones- que creyeron que la cultura no es una moneda de cambio y si un modo para enriquecer esas parcelas intangibles de la conciencia.

Texto escrito por Marcos Fernández para Clone Magazine en el año 2010.

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