La carne y el número (notas divagatorias sobre la obra de Raúl Ruiz)

Las matemáticas poseen no sólo la verdad, sino cierta belleza suprema.
Una belleza fría y austera, como la de una escultura.
Bertrand Russell

De igual manera, siglo tras siglo, bajo el escalpelo de la naturaleza y el arte,
grita nuestro espíritu, desfallece la carne, originando el órgano del sexto sentido.
Nikolai Gumiliov


Carne: (del lat. caro, carnis):
1. f. Parte muscular del cuerpo de los animales.
2. f. Carne comestible de vaca, ternera, cerdo, carnero, etc., y muy señaladamente la que se vende para el abasto común del pueblo.
3. f. Alimento consistente en todo o parte del cuerpo de un animal de la tierra o del aire, en contraposición a la comida de pescados y mariscos.
4. f. Parte blanda de la fruta, que está bajo la cáscara o el pellejo.
5. f. Parte material o corporal del hombre, considerada en oposición al espíritu.
6. f. Uno de los tres enemigos del alma(1), que, según el catecismo de la doctrina cristiana, inclina a la sensualidad y lascivia.

Número: (del lat. numĕrus):
1. m. Mat. Expresión de una cantidad con relación a su unidad.
2. m. Signo o conjunto de signos con que se representa el número.
3. m. Cantidad de personas o cosas de determinada especie.
4. m. Condición, categoría, situación o clase de personas o cosas.
5. m. coloq. Acción extravagante o inconveniente con que se llama mucho la atención. Montar, hacer, dar un número.
6. m. Gram. Accidente gramatical que expresa, por medio de cierta diferencia en la terminación de las palabras, si estas se refieren a una sola persona o cosa o a más de una.
7. m. Tecnol. En la industria textil, relación entre la longitud y el peso de un hilo.
8. m. p. us. Determinada medida proporcional o cadencia que hace armoniosos los períodos musicales y los de poesía y retórica, y por eso agradables y gustosos al oído.

La determinación de algo viene precedida por su relación con otra cosa definida previamente: esta valoración sostiene la necesidad de simultanear el concepto que tenemos sobre los objetos por proximidad y por asimilación. Por eso entendemos que una intuición no es válida si no tenemos otra en la que apoyarnos.

La obra de Raúl Ruíz es un ejercicio de constante homologías que adquiere el coeficiente preciso para posicionar sus propias ideas a la enésima potencia: por eso afirmamos que el proceso creativo del pintor, y vídeoartista, es un enjambre de capitulaciones sobre sí mismo.
Los hallazgos pictóricos, de este polifacético autor, nos hacen levantar un atisbo sobre esos tiempos donde la figuración resultó ser el paradigma de la imagen visual contemporánea. Esos lugares que, la retina apuntala, insisten en abrir los capítulos de las cargas realistas menos complacientes y, según se mire, más atrevidas.

Partimos de la figuración connotativa. Contexto pictórico muy historiografiado (en los que encontramos referencias tan recurrentes como las de Francis Bacon, al que recurriremos después, versiones más grotescas como las apabullantes obras de Jean Dubuffet(2) o incluso la universalidad pop) que marca de algún modo, la antesala excepcional a un nuevo modo de ver, y de entender, la figura en todos sus rangos.
Raúl Ruíz elimina el rastro del sujeto para quedarse con la partícula más esencial: la carne. Una fibra tratada con voluptuosidad, con exageración y cierta fluidez sanguinolenta -hasta dar con la parte apropiada- para su posterior ejecución pictórica. Francis Bacon comentaba que la desnudez del cuerpo humano le recordaba al escaparate de una carnicería, de hecho, los pedazos que resultan de esa voracidad de la mirada convergen en la carne misma y en su representación, donde podemos establecer dos criterios metodológicos: experiencia como resultado y resultado como experiencia.

“Quiero que la pintura sea carne”.(3)
Raúl Ruíz enfoca su discurso hacia el mismo escaparate: el de las referencias infinitas a la tradición del ser humano por autodestruirse; el de la indulgencia lastimosa por descubrir una solución crítica; y el de la verdad contenida -o entreabierta-. Indiscutible decálogo que invita a reflexionar sobre las nebulosas locales que, como caldo de cultivo, se cierran en banda y tristemente al vacío.

Con un envoltorio de solidez representativa, la imagen y el hecho pictórico son protagonistas del discurso donde se apuesta, más allá de la iconicidad realista, por un despliegue de metáforas que consolidad un híbrido: la conversión mutante del ser vivo a través del escamoteo de la carne muerta. Es muy sugerente la visión desgarradora, al igual que evocativa, de cómo se transforman las identidades de las cosas, con un solo protagonista que hace de contenedor de la realidad insinuada y de la realidad apócrifa.
Francis Bacon también quería que la pintura fuera carne y Raúl Ruíz lo consigue, porque la neutralidad -casi clínica- de esas metarrealidades incomoda a la mirada accesible (sin antojos dinámicos o fracturas espaciales) alcanzando, dado el estatismo solemne de las figuraciones representadas, un nivel escultórico inalterable (podemos ver en el amasijo de tejidos que desentierra la directa y cruel naturaleza de las obras de Nicola Costantino, una referencia directa a otros trabajos desarrollados por Raúl Ruíz en el pasado).

Si Freud necesitaba que la pintura fuera carne, Raúl Ruíz convierte la carne en pintura.
Esto no es un capricho del autor o una frivolidad del método, es un testimonio de cómo son los procesos, muchas veces invisibles, pero que son la referencia básica para vislumbrar los objetivos y presenciar, en todo su desarrollo, el hecho artístico. 
Este movimiento es una declaración de intenciones: la búsqueda y la localización de los elementos que posteriormente serán seleccionados para su retratado final, a modo de una disección de destreza taxidérmica y con la avidez de un hambriento caníbal de la imagen.

En sus inicios, la labor de transformación de lo devorado pasaba a medio camino entre la hilaridad y algunos presagios inciertos, que recalaban en la tesis iconográfica y en la lapidación sentenciosa. Poco a poco, la regeneración de las formas establece un acertado análisis del ciclo vital -o sucesión de generaciones- donde la problemática se posiciona en otro lugar distinto. Un lugar que sufre la lógica de la evolución para que las primitivas prioridades queden supeditadas a otro plano de la ejecución (nos referimos a los antiguos artificios donde Raúl Ruíz profundizaba en lo mestizo a través de antropocefalias -boca y dientes- como protagonista). Ese punto de partida abre un juego de variaciones imperiosas como la simetría y la proporcionalidad áurea, parcelas que nos invitan a pensar sobre un imaginario menos cotidiano y más preciso.

Un insecto es el perfecto resultado de un logaritmo.
La naturaleza es una consecuencia directa de las matemáticas en todas sus acepciones biológicas.
Sin ir más lejos, las conchas de los nautilos tienen una estructura idéntica a la de una espiral logarítmica generada con la sucesión de Fibonacci(4) o la proporción áurea; de igual manera, la disposición de las pipas de un girasol también coincide con la espiral de Fibonacci; asimismo, en las alas de insectos como las libélulas o mariposas podemos encontrar construcciones geométricas que suponen un ejemplo práctico de las teorías apuntadas en los polígonos de Thiessen(5) y la triangulación de Delaunay(6).
Todo esto es la antesala sobre lo que Raúl Ruíz está trabajando: la relación de las matemáticas frente a los ciclos vitales -o el pulso crítico diacrónico en el escenario social y humano-.

In-sectario es el nombre homónimo que denomina la serie resultante de la regeneración de órdenes anteriores. Aquí es donde nos encontramos con la materialización de los hechos geométricos y ornamentales, presentes en la proporción áurea y presentes en la naturaleza, como hemos defendido en párrafos anteriores. La plástica activa de este trabajo recupera el latido de la limpieza y de la elegancia que, al igual que el número pi, adquiere el equilibrio perfecto de simetría y protagonismo de las formas, dispuestas con la habilidad de un entomólogo que manipula un insecto, dispuestas para que la crisálida se convierta en un nuevo concepto irrepetible y sea la metáfora perfecta de la evidencia universal.

Pasa algo parecido con el trabajo en vídeo: se pone en manifiesto la maestría espontánea de la naturaleza para inventarse a través de ciclos ornamentales, de grandiosa depuración estética que certifica, desde algún punto de vista, los artificios humanos desde el barroco hasta el modernismo o cualquier atavío de noble compostura.

Aquí la atmósfera apunta, de nuevo, a un objeto mestizo (peineta y criatura o insecto) que se yuxtapone sinuosamente hasta poder contemplar un fenómeno abstracto que se extiende en el tiempo. Fenómeno señalado por el autor como el eterno debate entre tradición y contemporaneidad. Puede que así logremos entender el encuentro de estas dos fisionomías opuestas, si nos lo permite el lapidario ombligo de las dualidades.

En la novela El árbol de la ciencia de Pío Baroja, el personaje principal es un médico que se atormenta con la idea de que una dieta carnívora le aleje de la Ataraxia[7]. Curiosamente, la carne roja(8), y su mala prensa, crean la atmósfera adecuada para considerar que lo números, y su presencia en todos los estratos de la vida, no son una persuasiva fórmula para reordenar los desastres que observamos diariamente.
La naturaleza siempre nos ofrece soluciones inteligentes frente las atrocidades de lo racional, de ahí la importancia del factor biológico. Su equilibrio y su funcionalidad son un discurso crítico per se, aunque la mayoría de las veces estas generosas alertas que se nos brindan pasen desapercibidas debida a la total hipertrofia de muchos humanos que se autodenominan seres.
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(1) Primer enemigo: El Mundo. La Biblia enseña que el Mundo está en guerra con la mente espiritual del cristiano. La mundanalidad es un sentimiento, un ritmo, una actitud del alma que contempla la vida en un sentido horizontal. Su cabeza nunca se eleva en reconocimiento a Dios. Su mirada se dirige al hombre, nunca a Dios. Es una visión sensual y materialista de la vida que centra su atención en satisfacer los más bajos apetitos y deseos, cegada a las cosas del espíritu. En esta clase de mundo, Dios no sólo es negado, es olvidado.
Segundo enemigo: La Carne. La carne está en guerra con el cristiano. Carne es la palabra que la Biblia usa para describir nuestra vieja naturaleza, la naturaleza del pecado. 
Tercer enemigo: El Diablo. Es el tercer elemento contra el cristiano es el Diablo mismo. El anda por allí para vencerlo. El sabe muy bien que el Hijo de Dios es un peligroso enemigo para su causa. El trató por todos los medios de tentar a Cristo y en estos días está concentrado en sus seguidores. El es el Comandante en jefe de las fuerzas del mal y su principal ataque se dirige a los que están con Cristo y hacen lo correcto.

(2) No considero que éstas tengan que tener una solidez analógica porque, aquí, se eliminan los rasgos expresionistas o informales, pero si encontramos cierto apego por lo irreverente, reduccionista y por lo abyecto.

(3) La veracidad mórbida que confirma el máximo deseo del artista Lucian Freud, fallecido en 2011, con esta cita literal.

(4) En matemática, la sucesión de Fibonacci es la siguiente sucesión infinita de números naturales: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144… La sucesión inicia con 1 y 1, y a partir de ahí cada elemento es la suma de los dos anteriores.
A cada elemento de esta sucesión se le llama número de Fibonacci. Esta sucesión fue descrita en Europa por Leonardo de Pisa, matemático italiano del siglo XIII también conocido como Fibonacci. Tiene numerosas aplicaciones en ciencias de la computación, matemáticas y teoría de juegos. También aparece en configuraciones biológicas, como por ejemplo en las ramas de los árboles, en la flora de la alcachofa y en el arreglo de un cono, como ejemplos descriptivos.

(5) Los polígonos de Thiessen, nombrados en honor al meteorólogo estadounidense Alfred H. Thiessen, son un desarrollo geométrico que permite construir una partición del plano euclídeo. Estos objetos también fueron estudiados por el matemático Georgy Voronoi de donde toma el nombre alternativo de diagramas de Voronoi y por el matemático Gustav Lejeune Dirichlet de donde toma el nombre de teselación de Dirichlet.
Los polígonos de Thiessen son uno de los métodos de interpolación más simples, basados en la distancia euclidiana, siendo especialmente apropiados cuando los datos son cualitativos. Se crean al unir los puntos entre sí, trazando las mediatrices de los segmento de unión. Las intersecciones de estas mediatrices determinan una serie de polígonos en un espacio bidimensional alrededor de un conjunto de puntos de control, de manera que el perímetro de los polígonos generados sea equidistante a los puntos vecinos y designando su área de influencia.

(6) Una triangulación de Delaunay es una red de triángulos donde la circunferencia circunscrita de cada uno de ellos no debe contener ningún vértice de otro triángulo. Se usan triangulaciones de Delaunay en geometría por ordenador, especialmente en gráficos 3D por computadora. Se le denomina así por el matemático ruso Boris Nikolaevich Delone (Борис Николаевич Делоне, 1890 - 1980) quien lo inventó en 1934, afrancesando su apellido como homenaje a sus predecesores franceses. 

(7) Se denomina Ataraxia (del griego ἀταραξία: ausencia de turbación) a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual un sujeto, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y la fortaleza frente a la adversidad, alcanza el equilibrio y finalmente la felicidad, que es en definitiva el fin de estas tres corrientes filosóficas. La Ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.

(8) Se especula con que sea un directo causante de células cancerígenas, al margen de toda la problemática que existe alrededor de su patológica superproducción, donde se afirma que para poder producir un kilo se han necesitado previamente diez de otros alimentos. Malthus, en su Ensayo sobre el principio de población indica la progresión geométrica de la población y la progresión aritmética de los alimentos, argumento de peso que invita a reflexionar sobre los desequilibrios que se vivieron, se viven y se vivirán.

Texto escrito por Marcos Fernández para el catálogo de la exposición Irracional en el año 2012.

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