Esto no es graffiti pero, podría serlo…

Esto no es graffiti pero, podría serlo…


Los espacios singulares reclaman transformaciones singulares más allá del embalsamamiento del estuco veneciano y el maquillaje de lo nuevo sobre viejo.

Si pensamos en la ciudad como plataforma de mímesis, de ocultación y de renovación, ésta ha de ser susceptible al camuflaje de esos habitantes capaces de transformarla -muy caprichosamente- cuando las actuales políticas urbanísticas redundan en la nada. Estas firmas -o tags- infinitas, que se esconden -y decoran la metrópolis- de forma caprichosa y que se elevan hasta el más alto edificio para recordar el paso de la presencia humana (como si se tratara de las hazañas de Edmund Percival Hillary(1) en su codiciado ascenso a los umbrales del planeta) son la antesala del juego y las travesuras de un estilo de vida que convierten a la ciudad en un gran lienzo mutante y dinámico que descansa, merecidamente, dentro de unas pintorescas salas.

La descontextualización de una disciplina callejera per se, modifica el prototipo preconcebido que tenemos de las artes urbanas para que su entrada en los espacios, más o menos institucionales, suponga la confirmación de que cualquier contenedor puede ser el apropiado para encuadrar cualquier manifestación artística, sea cual sea su origen o delimitación, eliminando los debates sobre el intrusismo disciplinar, su dependencia del diseño y las tendencias, las alusiones malogradas que critican la Guerra de estilos(2), el bombing(3) o su génesis respecto a los tópicos de la cultura Hip-hop.

Laura Calvarro y Seleka Muñoz, directores del espacio Delimbo, han allanado la antigua Facultad de Ciencias del Trabajo, ahora sede del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, para volver a poner en manifiesto que eso que se llama Arte Urbano no deja de ser uno de los buenos itinerarios que el Arte Contemporáneo ha de recorrer. Al margen de calificaciones historiográficas y demás pretensiones, las distintas logias del CICUS -un total de seis- acogen una terapia expositiva imprescindible para aplacar los dolorosos aspavientos de una ciudad artísticamente en proceso de extremaunción, sobre todo cuando las políticas culturales están en pleno colapso. 
(No pretendo relativizar sobre las problemáticas endémicas de los programas artísticos de nuestro entorno ya que se hace lo que se puede -y lo que se quiere- pasando por alto la disconformidad del espectador más cultivado, ese que crea demanda y obliga a los gestores culturales a poner un listón cada vez más alto). En ese sentido, Delimbo está haciendo los deberes dentro y fuera de su espacio.

Los jóvenes directores proponen este comisariado siendo muy conscientes de la línea discursiva que se ha abierto: han seleccionado a los artistas por su calidad estética/narrativa, y por su relevancia en los circuitos más oficiales, para crear un punto de vista heterogéneo y una radiografía que denota cierta buena salud. Harina de otro costal es qué se pretende decir y qué se pretende mostrar, ya que ese es el objetivo prioritario de una acción curatorial. 

En un principio partimos del ejercicio ex profeso: la mayoría de las obras expuestas han sido desarrolladas in situ para una perfecta simbiosis contextual, desarrollando pequeños microcosmos y un environment que participa de cada hendidura y de cada resquicio, circunstancia que nos invita a olvidarnos por completo de los estándares del cubo blanco.
Considero que es hora de inaugurar líneas de debate y meditación, dejando a un lado la especulación arbitraria de otros foros, para crear una sólida idea de lo que está pasando sin necesidad de tener que recurrir al clásico decálogo de los porqués, cómos o cuándos. Podemos acudir fácilmente al peso de los criterios, sobre todo al del buen público, ese que no queda indiferente y es capaz de posicionarse más allá de compromisos y del querer quedar bien, por eso, esta exposición es de las que gustan y es de las que ayudan, pedagógicamente hablando, a entender aún más el profundo calado del arte que mayor visibilidad está teniendo en los últimos años.

Trece artistas abanderan todo el bruto potencial del CICUS repartidos conforme a unos modus operandi de trabajo y de ver: Sixe, Mike Swaney, Spy, Seleka, Suso33, Sozyone, Okuda, Eltono, Remed, Ausias Pérez, Dems, Pantone y Joeking. Un conjunto de rúbricas o pseudónimos que manifiestan la obligación de ser auténticos con uno mismo. Algunos han elegido una línea de trabajo más conceptual, esa que viene precedida por las cargas metafóricas y poéticas más penetrantes, como es el caso de Eltono (esta vez con Seleka): experto en la intervención urbana, y en la metodología azarosa donde, la indirecta participación de la casualidad/causalidad, es fundamental para abrir un discurso a medio camino entre esos paradigmas del pasado como el suprematismo y el arte concreto(4), o más vigentes como el minimalismo; de Suso33: máximo exponente nacional del graffiti del espectáculo, ha sabido reconducir sus argumentos hacia la transdisciplinariedad, como práctica de una experimentación y quehacer holístico, utilizando el soporte del vídeo con el que transforma su actividad plástica en slow motions a modo de animaciones pictóricas; de Spy: creador de ficciones que parten de una paleta conceptual arriesgada y que traslada, homéricamente impecable, su propia concepción del entorno y de la metrópolis con una carga social simbológica basada en realidades tangibles y en sucesos que impulsan a la siempre ineludible reflexión; o de Mike Swaney: creador que aborda varias disciplinas como la pintura, el dibujo/collage, el vídeo o la escultura desde una visión reduccionista y esencial, planteando situaciones cotidianas como un ejercicio absurdo de inmovilidad y estatismo.

En otras direcciones observamos distintas tentativas que, bajo el yugo de lo estrictamente estético (parte no obviable e indiscutible de este dilatado mundo artístico), reciclan y rescatan los signos propios de un lenguaje -de abecedario definido- en torno a la idea de wildstyle tipográfico, el lettering o geometrías figurativas que plantean una perspectiva, tan cercana como distante, entre la ilustración y la pintura tradicional de vanguardia como podemos observar en el trabajo realizado por Remed, Okuda, Pantone o Ausias Pérez.

Desde un punto de vista pedagógico, apartado intrínseco por parte de las instituciones, se ha podido desarrollar un juego de mesas redondas -con la participación del ilustre Doctor en Historia del Arte Fernando Figueroa Saavedra-, conferencias y talleres que otorgan una dimensión muchísimo más participativa en la experiencia que siempre ha de perpetrarse.

Delimbo ha optado por el trabajo duro -algo que no nos sorprende- bajo el ‘asilo político’ del CICUS, lo que conlleva riesgos y una apuesta constante por la renovación, sobre todo desde que la institución universitaria ha mudado su Centro de Iniciativas Culturales al antiguo Convento de Madre de Dios sede que, aún bajo la pesadumbre de la rehabilitación, va postulándose como una nueva sinapsis en el tejido cultural y en la red artística de la casi siempre escéptica Sevilla.

Concluyo con palabras de Seleka Muñoz: “Lo único que está claro es que Esto no es graffiti. El graffiti está en las calles, y es gratis, disfruta de él mientras existe”.
Nos queda claro. 
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(1) Sir Edmund Percival Hillary (1919 - 2008) fue un montañero, piloto y explorador neozelandés, famoso por haber sido el primero que completó con éxito una ascensión al Everest. Alcanzó la cima situada a 8.848 metros el 29 de mayo de 1953 acompañado del sherpa Tenzing Norgay.

(2) Manifestación capturada en distintos documentales homónimos, de toda la geografía mundial, que analiza la evolución y desarrollo del graffiti y Arte urbano en los últimos 20 años.

(3) Fenomenología que circula en torno a la sucesión de firmas o eslóganes de una manera obsesiva, e incluso jerárquica, que se remonta a la década de los años 50 en los Estados Unidos, aunque desde un punto de vista antropológico y arqueológico, se han detectado manifestaciones en la antigua Roma que, curiosamente, perseguían un fin similar (consignas políticas, declaraciones de amor, insultos, etc.).

(4) Arte concreto o Concretismo es una tendencia dentro de la pintura abstracta que se desarrolló durante los años 1930 a partir de la obra de De Stijl, los futuristas italianos, Kandinsky, y desarrollado más tarde por el pintor, arquitecto y diseñador suizo Max Bill (1908-1994). El término Arte concreto fue introducido por vez primera por Theo van Doesburg en su “Manifiesto de Arte concreto” de1930. Tal como él lo entiende, esta forma de abstracción debe liberarse de cualquier asociación simbólica con la realidad, argumentando que las líneas y los colores son concretos por sí mismos. Predomina la forma sobre el color usándose, mayoritariamente, colores planos.

Texto escrito por Marcos Fernández para Clone Magazine en el año 2012.

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