Análisis de fotografía y vídeo en ARCO, Art Madrid y Just Mad en las ediciones de 2011

Al margen de los tópicos que pueden albergarse en este tipo de encuentros anuales con el arte de hoy, podemos comprobar con ciertos márgenes de satisfacción, como la fiesta de la contemporaneidad celebra un paso más de deidades al alza, impulsos fructíferos -y renovados- o nuevas fórmulas que nos hagan creer que la creación se encuentra en su mejor estado de forma.
ARCO, Art Madrid y Just Mad entienden que, en esta nueva contienda, no se conciben púgiles voluptuosos e inflados muscularmente, ni por el peso de las marcas seguras, ni por lo voluble de los artificios creados para asegurar ventas necesarias, después de varios años de sequía y balances desérticos. 
El universo de este singular contexto, que empieza con el ocaso invernal, plantea las dudas de siempre y los vítores, de una potencial victoria, auspiciados por el coleccionismo en forma de oasis.
Como no, este entretejido colapso de la inversión, suele tener como objetivo las propuestas más complejas, por eso la aparición de lo portátil -y lo estático- asume la condición de ser los productos estrella de esta década que nos invita a ser presuntuosos y cada vez más objetivos.

La presencia reducida de fotografía y vídeo, sobre todo en Art Madrid, invita a ser más estrictos con los contenidos más allá de los encapsulados, monitores o impresiones lambdas. En cambio, Just Mad se consolida como una deseada aspiración y ARCO sigue dándonos argumentos para debatir y trascender qué es lo que sucede en el panorama.

Por eso, ARCO nos confirma, con la respiración entrecortada, que Zwelethu Mthethwa o Tiago Silva llevan el reportaje de calle como propósitos unívocos frente a los fatigosos desenfoques pornográficos de Thomas Ruff y el excelente trabajo costumbrista -en blanco y negro- de Anastasia Khorosilova. 
Las enormes fotografías de Pablo Genovés se demarcan como un buen exponente que positiva, nunca mejor dicho, otras dilapidaciones arquitectónicas de José Manuel Ballester (último Premio Nacional de Fotografía). El brasileño Caio Reisewitz, el estadounidense Allan Sekula y el sevillano Jorge Yeregui, toman la soberanía a modo de crónica existente entre la evolución de la sociedad y la presencia de la naturaleza en todos los procesos y, apostar por la eficacia consolidada y por la no tanto, es otro de los procesos naturales que hemos de ver en este tipo de encuentros, para escapar fugazmente (si nos lo permite el recorrido), de las firmas y demás estrategias decimonónicas.
Rusia, país invitado de esta 30ª edición, asegura los planteamientos tecnológicos con la XL Gallery de Moscú como paradigma y punta de lanza de la vanguardia del antiguo foco soviético. En ese sentido, hemos resuelto muchas de las dudas en torno a la fragilidad del medio para ir más allá de lo convencional, en una muestra que ya denominan: la de la pintura.

Y, como brevemente hemos citado, Art Madrid nos ofrece un panorama un tanto desolador respecto a las nuevas tecnologías. Se vuelve, si cabe, a apostar por el arte emergente y se tiende, como en otras ediciones, a sobrevalorar la rúbrica de cara a la irremediable búsqueda de la permuta mercantilista. Las proyecciones digitales de Teresa Correa o las ediciones lambda de Xurxo Gómez-Chao es, sin duda, de lo más destacable de este sexto periplo, junto a la videoinstalación de João García Miguel denominada O Filho da Europa, cortesía de la Galería Perve de Lisboa, insistiendo en que, muchas veces, el equilibrio es necesario para asegurar un componente seguro frente a las paradójicas derivaciones que se han experimentado alrededor de las tentativas de otros años.

Just Mad, en su segundo asalto, se posiciona como un referente que hay que seguir atentamente en próximas concurrencias, por la lucidez, la profesionalidad y la alentadora reciprocidad del público desnudada en las 18.000 visitas que rondaron su superficie. En sus múltiples propuestas como Producers’ Desk, Just Design o Metro Sound, la evaluación del debate artístico contemporáneo no ha quedado, ni mucho menos, desdeñada al verse el majestuoso edificio de la calle Velázquez número 29 devotamente asediado por unos 130 expositores y unos 40 productores culturales. La presencia de vídeo y fotografía en esta feria ha tenido, especialmente, el calado que se esperaba y la magnitud adecuada, con casos de absoluta exclusividad por parte de algunos de los expositores, como es el caso de la Galería Arteko con las piezas de Ibon Mainar e Iván Gómez, o las apuestas de la Galería Cero donde Mikel Bastida y sus tratamientos ficticios cercanos al cine dejan paso a las extrañas perversiones sexuales de Sandra Torralba.
Simón Bars introduce el concepto contextual de las geometrías espaciales a través del reflejo en contraposición de los retratos de lírica emocional de Veru Iché, cuestiones que nos congratulan por la multiplicidad de los discursos que han de verse y notarse en cada una de las localizaciones.
La galería portuguesa Nuno Centeno muestra las ensoñaciones, a través de la grisalla, de Vasco Barata con la serie Shades of gray de mesura inexorable para que, la madrileña galería Fernando Pradilla establezca, a través de la percepción de Germán Gómez, un interesante modo de entender la representación fotográfica como palimpsesto anatómico -entre Frankenstein y un nuevo Prometeo- que desfigura, rozando la decrepitud, la visión del retrato. 
El checo Jakub Nepraš, desembarca de la lusitana Arthobler Gallery, para ofrecer sus cardiacas y fractalizadas realidades a través de un vídeo, donde los sedimentos matéricos se ciñen a la era digital con una magnífica impronta y una instalación soberbia que invita a reflexionar sobre la simbiosis de los objetos. 
Sergio Ojeda nos ofrece una transgresora imagen en vídeo sobre los totalitarismos haciendo alusión al popular tema del grupo de Detroit The Stooges, cortesía de la Galería ASM28 de Madrid.
Y, una de las propuestas más llamativas fue el vídeo presentado por la Galería Douz & Mille de Nueva York, de Arnulfo Medina. Consiste en un plano secuencia donde el hipopótamo cimarrón camina, lenta y forzadamente, entre un cercado y un abismo. Esta secuencia se refleja de modo especular, permitiendo una ampliación del paisaje, simétrico en su formato y en su totalidad.
Su marco histórico data de 1985, cuando el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria trasladó unos hipopótamos desde África a su Hacienda Nápoles en Puerto Triunfo (Colombia). Años después, un par de hipopótamos se fugan de la abandonada hacienda iniciándose entonces, por parte de las autoridades, la persecución de los animales. Lo que, desde muchos puntos de vista, traslada la ironía y/o torpeza de unos contra otros, fenómenos muy comunes en cualquiera de los noticiarios que interrumpen algunas sobremesas.
Otras propuesta significativas vinieron a cargo del vídeoartista rumano Alex Mirutziu, cortesía de la Galería Sabot de Cluj-Napoca, y del binomio Cristina Calderón & José Luis Paulete con la vdeo-instalación Somos aquí a cargo de la Galería Sicart.

En estos tiempos donde las ferias cada vez son más bienales y las bienales son cada vez más ferias, el cosmopolitismo de lenguajes ha de rozar la utilidad experimentativa a favor de un público cultivado y escéptico. 

Está claro que los potencialmente expresivos dialectos de la fotografía, más allá de las revoluciones de la renacentista cámara oscura, las tesis de Johann Zahn o el acercamiento científico de Nicéphore Niepce, suponen una auténtica segregación de los modelos, los criterios de ver -según John Berger- y de cuáles han de ser las disposiciones de los medios actualmente. Con el vídeo sucede algo parecido: sus innovaciones narrativas han desplazado, sin ánimo de obstaculizar, las posibilidades de otros medios frente a la imagen, el tiempo, el espacio y el sonido. Seguido, en cierta manera, por la democratización de los métodos que han hecho posible una mejor visibilidad de estos lejos del anecdotario que, por imposición, introducen las extravagancias curatoriales y los golpes de efecto de un mercado temeroso.

Texto escrito por Marcos Fernández para 967arte en el año 2011.

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