Dogmas de la soledad

La soledad actual representa, desde muchos prismas, una auténtica objetivación de lo real: un muro trasparente, a veces opaco, que manifiesta la cruel arbitrariedad de los escenarios y de esos contextos cercanos tangencialmente.

Esos roces pueden considerarse como una crítica al anonimato que dignifica la situación de los sujetos y que reinterpretan un nuevo status quo o una nueva fórmula de posicionarse ante el vacío existencial. Herbert Bayer(1) nos hace partícipe de estas cuestiones, desde la vanguardista lejanía de los años 30, en una fotografía denominada La soledad del ciudadano” que, a modo de metáfora surrealista, ofrece una percepción distinta, casi situacional, de las indiferencias urbanas de las grandes ciudades.
La sociedad globalizada implica al observador de forma más penetrante, astuta y sintética -ese observador que está delante y detrás de la cámara- modulando una visión: la de un voyeur de la marginalidad y el abatimiento.

Entendemos que el mundo globalizado es un cruce de caminos irónicamente paralelos, donde convergen los misterios de las megalópolis, los folclores más localistas y el estado de excepción de esa mayoría que traspasa el umbral del asilamiento. Esas personas son el espejo donde mirarse y donde esbozar la guía que ajuste los pormenores del traslado migratorio. Un camino que necesita, como en ocasiones anteriores, la presencia del intérprete, del traductor del lamento: un consejero con una pátina milenaria personificado en dragomán(2), mecanismo de unificación conceptual en parte del trabajo de Aitor Lara.

Para evitar clausuras -o entropías-, esos dogmatismos solitarios de la identidad están entreabiertos a la multiculturalidad para definir una amplitud del marco menos selectiva y más heterogénea. Por eso es muy común, en las sociedades contemporáneas, esa oposición entre hastío y aislamiento que provocan situaciones de introspección y, en otros intervalos, polémicas con un ego que, paulatinamente, va transformándose en confinamiento. Podemos cultivar, desde la hermenéutica, un ejercicio de comparación entre estos modos de conciencia: las licuadas por el mal de la soledad o las que han superado ese ritmo interno, como si de una terapia se tratara, para subirse al pedestal de la confirmación pasajera.
Este periplo solitario implica una neurosis obsesiva que no pretende unirse a la insustancial antropología de las causas o consecuencias, como desdicha común o como punto de inflexión, y que responden a unas coordenadas de movimiento muy concretas que crean una red transversal a través de la geografía de los sentidos, para muchos desconocidos, que van incorporándose al mapa del desplazamiento, el travestismo, las relatividades sexuales o el folclore urbano.

Méjico y la ciudad de Chalma -bastiones de la desestructuración indígena y una surrealista corrupción social se mezclan con el folclore nativo más profundo en medio de una peregrinación de carácter sincrético y centenario-, la antigua ruta del diplomático Ruy González de Clavijo en la actual República de Uzbekistán -crónica de la actualidad como conocimiento y método en Asia Central a modo de ensayo y a modo de testimonio personal-, el barrio de Lavapiés en Madrid -como enclave de tránsito y supervivencia en cualquiera de las capas o estratos que genera una capital occidental impregnada, a su vez, de una aleación cultural y religiosa tan necesaria como impenetrable-, la precaria barriada del Vacie o la majestuosa Maestranza en Sevilla -signos opuestos de dos tradiciones herméticas, telúricas y tangenciales a través de un contexto tan próximo como lejano-, Marruecos en su ancha geografía, Nueva y Vieja Dheli -confrontaciones milenarias, dentro de un paraíso miserable de entramados sociales, bajo la indiferente mirada del tráfico inmanente de personas- son la sinapsis de este tejido impermeable a modo de común denominador de una historia a través de la imagen, los sujetos, la vacante del drama y los repetidos disparos de una cámara que amparan el sobrenatural instante de esos protagonistas ignorados y condenados al ostracismo del abandono. Por eso, la perspectiva aspira a ser transversal y una diagonal cartográfica, no sólo de desplazamiento, sino también de encuentros con ese otro lado no tan visible y cautivador. 
___
(1) Herbert Bayer, nació en Hagg, Austria, en 1900 y falleció en Santa Bárbara, Estados Unidos, en 1985. Fue un diseñador gráfico, pintor, fotógrafo y arquitecto austriaco. Bayer fue el diseñador de publicidad más innovador de la Escuela de la Bauhaus, a la que perteneció: su trabajo destaca por la temprana introducción de la fotografía en los años 1920.

(2) En oriente se denomina dragomán o truchimán a un intérprete lingüístico. La palabra proviene del idioma árabe, tourdjoumân (ترجمان, traductor), y se utiliza desde el siglo XII.
En el Imperio otomano y en el Levante, había varias familias que se dedicaban a esta actividad, y llegaron a constituir verdaderas dinastías: Chabert, Crutta, Dantan, Deval, Fleurat, Fonton, Fornetti, Pisani, Roboly, Salvago, Tarsia, Testa, Timoni, Wiet.

Texto escrito por Marcos Fernández para 967arte en el año 2011.

TE PUEDE INTERESAR

Ensayo y análisis de Anticristo de Lars von Trier

Las invasiones bárbaras

Conocimiento y aprendizaje (notas sobre las ideas de Elliot W. Eisner)